Viajar en tren es una excelente opción para aquellos que desean disfrutar cómodamente del paisaje sin tener que ocuparse del vehículo. Recorrer el territorio canadiense de costa a costa y ver pasar por la ventanilla los más bellos escenarios naturales, sentados cómodamente, es una experiencia que bien vale la pena practicar.

Uno de los trenes más famosos del mundo es el Transcanadiense que atraviesa transversalmente el territorio haciendo un recorrido de 6.000 kilómetros desde el océano Atlántico hasta el Pacífico o, podría resumirse, de Halifax a Vancouver.

El tren se pone en marcha desde la estación de Halifax que lentamente va quedando atrás, el pasajero entonces puede relajarse en la contemplación del paisaje desde la ventana del coche-restaurante donde es posible disfrutar de una suculenta cena.

Los maravillosos paisajes comienzan a sucederse como si fuera una película tridimensional: las Montañas Apalaches, la ribera del río San Lorenzo sobre cuyo cauce se convirtió en vías de comunicación en los albores de América del Norte. El tren sigue devorando kilómetros y tras veinte horas de viaje, llega finalmente a Québec, la región francoparlante.

A la mañana siguiente, el próximo tramo de 539 kilómetros llevará hasta Toronto. Este recorrido puede hacerse por vía directa o por Ottawa, con un menú de almuerzo igualmente apetitoso en ambas.

La próxima parada será Winnipeg tras atravesar una planicie surcada de lagos y bosques, aquellas que fueran escenario de tantas historias de la conquista del Oeste y del trazado heroico del ferrocarril. Allí surgen de un modo salvaje las Montañas Rocosas y, según dicen, éste es el verdadero Canadá.

El final del viaje nos lleva de las montañas de British Columbia a la costa donde, de fondo, vemos a Vancouver, la capital de la California canadiense.

Foto: Via Rail

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